Televisión Pública.
La televisión pública de nuestro país ofrece una programación semejante a la de la televisión privada (publicidad, fútbol, programas basura, y manipulación de las noticias y de la información en general). Actualmente, es casi imposible disponer de una televisión pública que garantice una programación de calidad, que sea un servicio social, y mucho menos que eduque.
No está justificado que los ciudadanos paguen por lo mismo que reciben gratuitamente en las cadenas privadas. La situación es bien simple: el gobierno es quién controla a los responsables del medio, y las empresas son las que pagan por anunciarse. Los directivos nombrados por el partido que esté en el poder, no pueden ser independientes, porque si lo fueran, serían cesados. De este modo, los responsables de la televisión pública siempre pondrán el ente al servicio del partido del gobierno, manipulando la información con el fin de perpetuarles en el poder. De este modo, la información veraz no existe.
Las empresas pagan por anunciarse en los espacios con altos índices de audiencia, es decir, en los intervalos de las retransmisiones de partidos o de programas basura, y esto lleva a que las cadenas acaben cubriendo la mayor parte de su tiempo con este tipo de programas. Hasta tal punto esto es así, que cuando uno se conecta a un canal “gratuito”, no sabe si los anuncios se emiten en el intervalo de los programas, o los programas aparecen en el intervalo de los anuncios.
Sí que es cierto que los programas de calidad son muy escasos, aunque hay que tener presente que al menos en ella, hay algunos. En las privadas, simplemente no existen.
En Europa Occidental, la televisión privada está financiada a través de cuatro vías:
- El pago de un impuesto directo por parte de los propietarios de televisores, denominado canon.
- Las subvenciones públicas provenientes de los presupuestos del Estado.
- Los ingresos publicitarios provenientes en los mercados provenientes de la venta de espacios.
- La venta de programas en los mercados internacionales, cantidades significativas en el caso británico, y testimonial en los otros países.

Hay países que reciben el mayor ingreso de la publicidad y marginalmente financiación pública (subvenciones ligadas a contratos de los programas). Estos países son algunos como Portugal, o España.